Teatro

La devoción y la perversión de Equus

Compañía Ferroviaria sigue fiel al espíritu de Shaffer y presenta de forma impecable el conflicto entre pasión y razón

Murcia/Laura Torres

¿Qué es ser “normal”? ¿Qué distancia separa la devoción de la perversión? ¿Qué nos hace humanos, y qué nos hace dejar de serlo? Estas son solo algunas de las preguntas que lanza al espectador la obra de Peter Shaffer Equus (ganadora del Tony Award a la Mejor Obra y del Premio del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York en 1975). Esta historia de un joven atormentado que ciega a seis caballos y del psiquiatra que trata de averiguar el porqué de tal atrocidad fue presentada en Murcia en el estreno absoluto de la coproducción de Compañía Ferroviaria de Artes Escénicas y el Teatro Circo de Murcia, con aforo lleno del 27 al 29 de noviembre. Siguiendo la estela del revival de 2007 en Londres con el archiconocido Daniel Radcliffe (alias Harry Potter), esta la primera vez que Equus vuelve a España desde su presentación entre 1975 y 1977.

La obra de Shaffer no puede dejar indiferente a nadie, ya que incide en cada uno de los sostenes más básicos de nuestra sociedad: familia, religión, sexualidad, psicología normativa, relaciones sociales y de pareja… Y ninguno de ellos acaba indemne. Compañía Ferroviaria sigue fielmente el espíritu de Shaffer y presenta de forma impecable este conflicto entre pasión y razón, conformidad y desenfreno, a través de una serie de personajes que eluden una clasificación fácil como “buenos” o “malos”. Los violentos arrebatos del joven Alan Strang, interpretado por Jaime Lorente en toda su complejidad, resultan a la vez amenazantes y fascinadores; las reflexiones del psicólogo Martin Dysart – en boca de Oscar OlivaBernal, director artístico del Teatro Circo – van socavando su supuesta figura autoritaria, guardiana de la conformidad y la sensatez, y revelan la ansiedad del cobarde que se descubre incapaz de perseguir sus sueños, de sentir visceralmente como lo hace su paciente. El padre estricto y resentido por los prejuicios de clase (Toni Medina) también muestra su lado más vulnerable; incluso la madre dominante clama por un atisbo de comprensión en su alegato exculpatorio ante el psicólogo. Solo la jueza (Eloísa Azorín) y el jinete (Antonio Mateos), paradigmas respectivamente de domesticada cordura y absoluta libertad, permanecen en sendos extremos de un espectro donde todo lo demás son luces y sombras. 

El excelente montaje dirigido por Paco Maciá con escenografía del pintor y escultor Ángel Haro ha reinterpretado los requisitos escenográficos de Equus eliminando parte del patio de butacas del Teatro Circo para construir un escenario central circular, como aquellos de la Grecia clásica con la que sueña el psiquiatra, donde público y personajes se entremezclan y se miran cara a cara. La música de Leandro Martínez-Romero Férez acompaña fielmente a la acción, inquietante, psicodélica o estridente según el momento, y acertado es también el diseño de las máscaras de caballo, cuyo número va aumentando según progresa la obra. En lugar de simples enrejados como se ven en otras producciones, las cabezas equinas ofrecen sus superficies metálicas a la iluminación de Pedro Yagüe para dibujar siluetas intimidantes y reflejar destellos de luz cual ojos que, como bien exclama el protagonista, siempre contemplan lo que ocurre en escena. Ni siquiera los caballos se libran de la ambigüedad, y de seres desafiantes de porte mitológico pasan a gráciles bailarines en un cuidado ejercicio de coreografía por parte de los actores – especialmente en el caso la bailarina de Lorenza Di Calogero, que encarna a Diamante.

Compañía Ferroviaria continuará presentando Equus en diversos escenarios de la Región de Murcia antes de pasar al circuito nacional.

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